La hoja de psicodrama nº 80

HOMENAJE A DALMIRO BUSTOS
LA HOJA DE PSICODRAMA No 80 (75-87)

Homenaje a Dalmiro Bustos

Homenaje a Dalmiro Bustos: Uno de mis maestros

He tenido el privilegio de conocerle y trabajar con él en numerosas ocasiones, en talleres del ITGP, de la AEP, del FIP, de la FEBRAP y de la IAGP. Le reconozco como uno de mis maestros.

La primera vez fue en el International Workshop of Psychodrama, organizado por el Studio di Psicodramma de Milano (Cattolica, 1987), donde 8 prestigiosos psicodramatistas del panorama internacional trabajaron con sus respectivos grupos durante una semana y también uno cada día ante el grupo plenario. Tuve la fortuna de ser adjudicada al grupo de Dalmiro y vivir una experiencia de formación residencial, en muchos aspectos arriesgada, desde una matriz cálida y segura que nos ayudó a sobrellevar el clima tenso que se respiraba en aquel marco de competitividad entre los grandes.

En el X Congreso de la IAGP (Ámsterdam, 1989), su taller sobre “Las diferentes máscaras de los psicoterapeutas” nos llevó a un gran grupo a explorar y manejar nuestras ansiedades en relación a la práctica profesional. Yo llevaba sólo tres años ejerciendo y pronto empecé a trabajar con el desgaste y el autocuidado de los psicoterapeutas, temática que ha estado presente en toda mi trayectoria.

Los encuentros en el ITGP (años 90) me hicieron profundizar en mis vínculos y escenas dolorosas con una intensidad y un impacto que podría decir casi irrepetible. Desde luego, fueron hitos en mi proceso terapéutico y formativo.

En el IV Encontro Internacional de Psicodrama de la FEBRAP (Sâo Paulo, 1991) conocí a sus alumnos brasileños, así como la huella que estaba dejando en este país y el país en él. Explicaba en una ocasión cómo había descubierto que tenía caderas trabajando en Brasil. Este congreso se celebró en plena Guerra del Golfo, compartimos su dolor por la pérdida de un hijo en la Guerra de las Malvinas. Trabajó con las familias de los soldados por encima del miedo y el duelo.

En los II talleres de la AEP (Medina del Campo, 1994), presentó y trabajó con su teoría de los Clusters de Roles, que en sus publicaciones llamó «Las huellas de la vida». No puede ser más acertada la denominación de su trabajo, con el que te llevaba a identificar esas marcas genuinas en tus interacciones.

Aprendí con él el manejo del Autodrama (esto fue durante el VII Congreso Iberoamericano de Psicodrama en Quito, 2009), también una propuesta profunda y reveladora de la configuración y vivencias del Átomo Social. Coincidimos en los congresos del FIP de Salamanca 1997 (el fundacional) y A Coruña 2007 (aquí decidió impartir su taller en un pasillo porque los asistentes superaban con mucho el aforo de la sala).

Estaba orgulloso de sus orígenes vascos y de su nariz aguileña como rasgo de dicha identidad, tanto como de su doble nacionalidad argentina y brasilera en el terreno de la formación.

Calaba en los grupos y en los protagonistas con su estilo directivo, humano, cálido y profundo, creando vínculos afectivos de igual a igual, nunca en posición jerárquica.

Los que hemos formado parte de los grupos que dirigía, compartimos el poder transformador de sus intervenciones, sostenido a largo plazo. Muchos seguimos siendo amigos.

Se hacía querer. Siempre lo he sentido muy cerca, por muchos años que pasaran sin tener contacto. Por eso ahora no me puedo hacer cargo de una distancia que no tiene lugar en la relación con Dalmiro.

Siempre en mi corazón.

Marisol Filgueira

Homenaje a Dalmiro Bustos: Rescatar la ternura

Este verano, me he enterado por Ana Fernández Espinosa, actual Presidenta de la AEP, de la muerte de Dalmiro Bustos, insigne psiquiatra y psicodramatista argentino.

Me dicen que se ha ido en silencio y arropado por su familia, mereciendo por mi parte, un homenaje y recuerdo de quien fue su alumno y amigo.

Discípulo de Jacob Levy Moreno, Dalmiro nos deja la pasión por el Psicodrama, y una enseñanza práctica que he tenido siempre presente a lo largo de mi vida profesional: el arte y el poder terapéutico de rescatar la ternura en el otro, para hacer sentir grandes a los humillados, y hermanos a los diferentes.

A finales de los años 80, Pablo Población y Elisa López, mis primeros maestros en Psicodrama, nos ofrecieron a los jóvenes psicodramatistas la posibilidad de ampliar nuestra formación de postgrado, tuvimos la oportunidad de revisar contigo nuestras vidas y habilidades terapéuticas, dejando en mí una impronta inolvidable como ser humano y como psicoterapeuta. Ahí conocimos a tu mujer, una persona también extraordinaria, llamada Elena Noseda.

Tras ese primer encuentro y ya en mi primer mandato como  Presidente de la AEP, te invitamos a realizar los primeros Talleres de la AEP en el Castillo de la Mota en Medina del Campo (Valladolid);  pero fue durante mi segundo mandato, que por cierto resultó el último, porque aprobamos una norma que evitara perpetuar presidentes, cuando me invitaste al precongreso de la IAGP de 1995, en Buenos Aires, con el propósito de organizar un 1º Congreso Iberoamericano de Psicodrama, que reuniera a los psicodramatistas de ambos lados del océano. Por entonces la AEP ya estaba hermanada con la Sociedade Portuguesa de Psicodrama.

Al ser formador en Argentina y Brasil como maestro reputado, contabas con muchos discípulos en toda Latinoamérica; me presentaste a muchos de ellos, lo que permitió preparar ese primer Congreso, que se celebraría en Salamanca en 1997, y que coordinó Elisa López Barberá. Los más satisfactorio es que estas reuniones, todavía continúan.

Quiero resaltar de ese encuentro, tu presencia discreta y saber estar, que nos permitió realizar un buen trabajo en equipo, y no de lideres presidenciales, como expliqué tras la muerte de Moyses Aguiar y  Sergio Perazzo, que también fueron promotores de los congresos iberoamericanos.

Durante años he seguido tu manera humanista de acercarse al sufrimiento y ahora, recién jubilado, siento que lo que nos enseñaste sigue vivo en otros y en las personas que he tratado, sobre todo cuando me reconocen, agradecidos, en la calle.

Aunque hayan pasado muchos años sin vernos, siempre has estado en mi corazón; no en vano me presentaste a Jorge Brusca, gran psicólogo formado en Oxford, que sigue siendo mi gran amigo argentino, desde 1995.

¡Hasta siempre Vasco!, como te gustaba que te llamaran, para no olvidar tus antecedentes españoles, pero sin dejar de ser argentino, maestro y amigo. Gracias por esparcir chispas de sabiduría por todo el mundo, que seguirán vivas en muchos de nosotros y que te hacen eterno…

José Antonio Espina Barrio

DALMIRO BUSTOS. Caleidoscopio de un psicodramatista.

 

  1. Contribuciones al desarrollo del psicodrama.

A lo largo de estos años, van para 40 de ejercicio de la psicoterapia, he estado preocupado por la búsqueda, lo más sistemática posible, de los diferentes modos de comprender e intervenir frente a la enfermedad mental. Todo aquello que mi razón, ansiosa y rígida guiada por la necesidad de saber, no estimaba documentado, investigado,  tendía a guardarlo en un almacén de cosas menores, de poca valía, que etiquetaba como “las novelas de la vida”.  Con el paso del tiempo he aprendido  que lo que le da valor y sentido a la vida se da en el “entre”  lo que surge entre nosotros. Después de vivirlo, necesitaremos comprenderlo, explicarlo, evaluarlo, nominarlo, pero solo reconoceremos quienes somos revisitando los recuerdos que hemos vivido en ese espacio que surge entre nosotros y en ocasiones surge  el encuentro.

Un encuentro.

Hoy escribo desde la novela  de mi  vida profesional a partir de mi primer  encuentro  con Dalmiro Bustos.        Hace varias décadas, cuando iniciaba mi camino en el mundo del psicodrama de la mano de Pablo Población, Pablo invitó a dar un taller intensivo de varios días a un psicodramatista argentino,  que se hospedó en un hotel de Madrid y al que yo acerqué en mi coche en alguna ocasión al instituto. Hacía frio en Madrid y el llevaba una cazadora de cuero negro y unos guantes del mismo color, tenía el rostro serio, un rostro de tener mucha tarea por delante.  Por aquellos fenómenos no elegidos ni conscientes, pasé de ser el conductor que le llevaba al instituto al  protagonista  de una sesión de psicodrama.

El modo en que dirigió la sesión para mí era desconocido. Fui  el único participante, no  pidió yoes auxiliares para la  escena, me  pidió que me tumbara en la moqueta,  cerrará los ojos, y comprobara que no había nada que me generará molestias, noté que me apretaba el cinturón y lo solté. A continuación me invitó a respirar con tranquilidad, sin exabruptos, de forma acompasada durante unos minutos. Después  me dijo que imaginara una pequeña luz del color que me gustara para recorrer mi cuerpo internamente desde la cabeza a los pies, sin prisa, y que pusiera la atención  en ese recorrido, si  la luz se detenía,  si detectaba alguna fuente de tensión y así lo hice. Reconocí la tensión en mi vientre y en la garganta, lo puse en voz alta. En contra de mi habitual esquema de pensamiento,  la siguiente consigna fue que expresara corporalmente esa tensión. Por alguna razón ponía el foco de su intervención en  la utilización del cuerpo.  Lo hice poniéndome boca abajo con los brazos extendidos, una posición similar a la utilizada para  hacer una flexión, entonces me invito a  dejar  que las imágenes llegaran,  pero las imágenes no llegaban,  no parecía que mi consciencia o mi inconsciencia estuvieran dispuestas a facilitar la conexión entre las sensaciones corporales y la imagen. Tras dejar un tiempo, para mi largo, cuando creía que aquello acabaría como un intento voluntarioso y fallido, noté su convencimiento en lo que hacía y su firmeza en la siguiente consigna, vamos a intensificar la sensación, me pidió que intensificara corporalmente la sensación de malestar corporal que la “maximizara”. De un modo no reflexivo mantuve la posición de mi cuerpo tumbado pero retiré el brazo derecho, de modo que la presión recaía especialmente sobre mi muñeca izquierda, me sostuve un tiempo internamente eterno y externamente desconocido, la angustia iba incrementándose y la imagen llegó, una imagen que yo nunca hubiera propuesto y menos en un grupo de  formación. No sé cómo la presión que sentía en mi muñeca izquierda  estaba asociada a la   imagen que surgió en mí. Incluso dudaba sobre la naturaleza del recuerdo, esta imagen era de algo que me había sucedido, era real o era una construcción forzada por la tensión y provocada por ella. En aquél entonces la “memoria corporal” para mí tampoco era una idea a la que le diera mucho crédito. Era becario de investigación en el departamento de psicología cognitiva en la UCM.

Pero la escena estaba allí,  recordada o reconstruida  era muy perturbadora  muy ansiógena  y regresiva desde el punto de vista cronológico y emocional, no sentía que tuviera ninguna defensa para enfrentarme al miedo que activó la imagen en mí. No sabía si era un recuerdo o una reconstrucción, pero me vi cogido de la mano por Dalmiro, el señor friolero de guantes negros en Madrid, me sostenía frente al terror que desencadenó  lo que en ese momento estaba viviendo.  Entiendo por la huella que dejo en mí, que no me sentí solo frente al terror. Algo que había estado escondido, reprimido para ser más preciso, se había puesto frente a mí tumbado sobre la moqueta y sostenido con firmeza por la mano de un señor que acababa de conocer. El proceso de la sesión, transcurrió dentro de mí, no trabajamos en escena abierta, fui narrando la situación y cambiando roles en mi imaginación. Fui a rescatarme en la imagen del pasado, donde no había tenido la capacidad de protegerme y ahora si lo podía hacer. No sé si la palabra trance sería equivalente al estado de irrealidad en el que me encontraba. Si le llamamos a ese espacio realidad surplus, estuve un tiempo, internamente infinito dándome un paseo por ella. Cuando la escena se cerró, desde una sensación de profunda serenidad, escuché que Dalmiro me dijo, primero vas a abrir los ojos después sin prisa te vas a sentar y luego te incorporaras y te vienes a sentar a mi lado en una silla y pasamos a compartir.  Cuando abrí los ojos y vi a mis compañeros del grupo, todavía tengo grabadas algunas imágenes de sus rostros, me pregunté  que les habría pasado, parecían emocionalmente agotados, una persona pidió permiso para salir al baño.  Y quiero pensar que dije o me dije con humor “hay que ver como se pone esta gente con una sesión de psicodrama”.

Esta es la anécdota, mi relato personal, a partir del cual me propuse  una búsqueda comprensiva  y recientemente explicativa de lo que había sucedido, de lo que el señor friolero había hecho en aquella sesión de psicodrama con un protagonista sin yoes auxiliares. Mi búsqueda de sus textos fue voraz, fui internalizando otro modo pensar  y transformando mi modo de intervenir en psicoterapia. Cuando estudiaba  sus textos se me quedaban sus frases sin esfuerzo a pesar de que la memoria es un recipiente que no encuentro con facilidad en los estantes de mi cerebro, en uno de ellos leí  que ninguna actividad es ajena al vínculo desde el que se realiza, incluido el conocimiento. ¿El conocimiento también? ¿La investigación también? ¿Luego el sentimiento  es el motor que nos mueve incluso para escribir un texto o presentar una ponencia?

En mi búsqueda del “saber  lo que había vivido”, las preguntas de una mente exigente y ansiosa se convirtieron en una cascada y una guía que me acompañan a día de hoy.  ¿Por qué no dirigió en escena abierta?, ¿No decía Moreno que la psicoterapia individual era una práctica menor con relación al psicodrama grupal? “un hijo bastardo para Moreno” (Cukier, R. 2003). ¿Cómo ha adaptado las técnicas de acción?. ¿Cómo me ha sostenido frente al miedo? ¿Es posible que antes de empezar a dirigir pensará que tenía que elegir este modo de intervenir por algo que hubiera visto en mí?. ¿Se había dado cuenta que estaba con  un protagonista evitativo, racionalizador y buen lector de las expectativas del terapeuta y del grupo?. Y si fue así ¿cómo lo había detectado? ¿Sería lo del tele y la transferencia?.  ! El tele valiente concepto impreciso y subjetivo! ¿Cómo me ha llevado a un lugar que yo no le había dicho?.

Mi primera herramienta para buscar respuestas fue colocarme “en su rol”, para eso miré su biografía. Antes de ser psicodramatista, se formó en psicoanálisis  y según dejó ver en alguna ocasión realizó un análisis Kleiniano.  Desde ahí y a través de sus diferentes textos  insistía en una idea el psicoanálisis y el psicodrama se complementan. “Es posible que algunos conceptos que surgen en un modelo sean universales a la hora de entender e intervenir en psicoterapia, si bien la técnica denominada psicoanálisis, requiere de un encuadre “cómodo en apariencia” y unas reglas de intervención completamente ajenas a las técnicas psicodramáticas”. (Bustos, D. 1975).

Esta enseñanza la entendí como un modo de no excluir el conocimiento venga de donde venga. En lo humano la verdad no está en el modelo que utilizamos sino en la aceptación de su limitación. “Convivir con el “no sé” o “puede ser”, nos es más difícil que adentrarnos en las complejidades del inconsciente. Pero la conciencia de la limitación de nuestros conocimientos es fundamental para acceder a la sabia aplicación de los mismos”. ( D. Bustos. 1985).

A la pregunta sobre el nombre del modo de trabajo que se  había llevado a cabo encontré que en la tradición moreniana se denomina monodrama “En un monodrama, el protagonista interpreta todos los roles del drama sin ningún auxiliar. Solo hay un jugador de rol. Este enfoque se utiliza a menudo en la terapia individual debido a la ausencia de otros participantes” (Blatner, 2000). Pero lo que yo había vivido me parecía que no era una técnica ni una adaptación técnica,  era un proceso de intervención y relación diferente al vivido por  mí en las escenas abiertas.  Me parecía un proceso terapéutico que merecía ser visto, pensado y analizado como modelo  terapéutico con características específicas y  diferenciales del psicodrama grupal, donde el peso de la relación entre dos seres humanos adquiría un peso transformador  de las heridas afectivas en los vínculos primarios. En mi búsqueda    recogí  otro nombre, hasta dando sé el más aceptado y extendido: psicodrama bipersonal. “Llamamos psicodrama bipersonal al abordaje terapéutico que tiene origen en el psicodrama, que no se sirve de yo-auxiliares y atiende apenas un paciente por vez, creando así una relación bipersonal, o sea, un paciente y un terapeuta… reproduce el modelo de la relación madre-hijo, es un vínculo más protector, pero también más temido,  (Cukier, R. 2003).

De este encuentro surgió en mí el deseo de dedicar mi vida profesional  a conocer y en la medida de mis posibilidades extender y difundir un modo de hacer psicoterapia individual psicodramatica (Herranz 1990, 1999, 2004,2012). Pero en ese camino me guiaron  entre otras dos ideas.  La primera para comprender el temor, el sufrimiento y la patología, la segunda como   un principio que guía la intervención,  “Dalmiro Bustos me sirvió como una lente de aumento para entender la psicopatología, quién con enorme claridad y precisión, nos dice: un rol patológico queda fijado a un contrarol patológico”  (Herranz, 2012), La segunda  leída y escuchada en su propia voz  “para la psicoterapia y para la vida que  la fuerza y la ternura vayan de la mano” (Cantos, 2018). Este mensaje nos lo hizo llegar en Madrid en el taller que realizo en Mayo de 2018.

Y por último una propuesta  “Si en la relación terapéutica hay adecuación a las reglas, si hay participación emocional y entrega, hay Encuentro (…) A las reglas claras de una posición distante hay que oponerse con reglas claras de la posición de Encuentro, ya que de lo contrario quedan sentadas las bases para la anarquía” (Bustos, 1985). El encuentro en la relación terapéutica es la alternativa a  las actuaciones del personaje interno patológico que dificulta o impide el crecimiento emocional y la capacidad de  establecer relaciones desde la mutualidad.

 

  1. La persona que conocimos, “Nuestra historia con Dalmiro.-Su lugar en nosotros”.

“Decidí ver qué pasaba si iba a Beacon, donde Moreno y su esposa Zerka Toeman, impartían sus cursos. En la entrada al gran predio se leía WORLD CENTER OF PSYCHODRAMA, MORENO INSTITUTE. De allí en adelante me introduje al caos más creativo que había conocido. Pensé que estaban todos locos. Yo ya era profesor de la facultad de Psicología de la Universidad Católica de Córdoba en materias como Psicología profunda, Psicoterapia, Psicopatología. Ni a Moreno ni a Zerka le causaron la más mínima impresión. Querían saber quién era yo”. (Bustos, 2018)

Conocí a Dalmiro en el año 2005. Había cursado mi primer año de Psicodrama en la Escuela de Teo y volvía a Buenos Aires luego de vivir un par de años en Madrid. La experiencia, tanto en la formación como en la terapia bipersonal psicodramática había despertado en mi un camino que quise continuar y que fue motor de muchas de mis transformaciones.  Así fue que Teo me presentó a Dalmiro y a Elena, con quienes seguí en contacto  todos estos años: en la formación, en el acompañamiento terapéutico, en la supervisión   y ya en estos últimos años, en el cariño y el estar cerca y pendiente, mientras abríamos con Rolfi un espacio de psicodrama que lleva su nombre y el de Elena, en un barrio de Tigre, en el Gran Buenos Aires.

Recuerdo que cuando escribía mi tesis de licenciatura en Psicología, Dalmiro me prestó un primer escrito, que todavía no había sido publicado, de la Teoría de los Clusters (Bustos, 2007). Hoy quisiera compartir desde ahí algunas huellas que su persona ha dejado entre nosotros:

Clúster materno: su ternura

En su capacidad de alojar y alojarnos, cuando nos miraba a los ojos, como cuando me acompañó durante los últimos meses de mi madre, simplemente estando, abrazando desde la mirada porque estábamos en pandemia.

En su mano cálida acompañando las escenas, como cuando me llevó de la mano a enfrentar a alguien detenido por un delito porque para mí era importante preguntarle si había sido él.

En su humor que nos animaba a entrar desde la periferia a lo profundo, con confianza, sabiéndonos sostenidos.

Clúster paterno: su firmeza

Cuando insistía una y otra vez que no hay una única manera de hacer las cosas, que cada uno tenía que buscar su mejor versión. Así fue cuando una vez le pregunté acerca de la técnica del doble, que me precisara bien cómo era. Abriendo grande los ojos, me dijo simplemente que había mil maneras de hacer el doble, que buscara la mía.  Confiaba y hacía sentir su confianza.

Cuando potenciando nuestra autonomía nos decía: “Vos podés. No lo digas, hacelo.”

Clúster fraterno: su horizontalidad

En el ayudarnos a transitar las diferencias como riquezas y no como amenazas. En la creencia firme y sostenida de que era posible construir un mundo mejor, más humano. Su gran compromiso social.

Y aquí me extiendo un poco más: La guerra por Malvinas (que lo implicó de cerca ya que uno de sus hijos, Fabián, estuvo allí), el tiempo de la dictadura militar en Argentina con todas sus consecuencias y las grandes crisis socioeconómicas como las del 2001, fueron ocasión para que Dalmiro buscara la manera de estar cerca, de estar presente acompañando. Toda ocasión se volvía un escenario, una invitación a salir, a buscar el encuentro y a procesar. Así surgen también las invitaciones a Psicodrama en las plazas, en el 2001, para salir del aislamiento y el buscar juntos cómo pasar de la protesta a la propuesta, en pleno estallido social. En esa época publicaba también en distintos periódicos.

Hoy recojo especialmente estas palabras de Dalmiro, que creo, son un buen resumen de ese momento:

El Che Guevara decía: “Hay que endurecerse sin perder la ternura”. Sólo que sin perder la ternura se encuentra la fuerza, no la dureza. La vulnerabilidad escondida se convierte en odio (…). La vulnerabilidad que no se legitima como inherente al ser humano, se manifiesta en el cuerpo: dolores, enfermedades de todo tipo, son los escondites del sufrimiento del alma. La palabra necesidad integra el cortejo de sentimientos indeseables, necesitar pasa a ser signo de debilidad y los “débiles” no tiene lugar de prestigio en este mundo. Y se construye la falacia de creer que alguien puede arreglarse totalmente solo, “yo me la banco solo” se convierte en un axioma que revela el desideratum social predominante. Y es una gran mentira. Nadie es luz de sí mismo, ni el sol, decía Porchia en una de sus famosas frases. No saber depender adultamente nos conduce a la incapacidad de amar. Y muchas veces lleva a agredir a la persona amada porque es el testigo presencial de nuestra denigrada dependencia.
En un taller que coordiné unas semanas atrás sobre este tema, se representó una escena en donde una madre sostiene en sus brazos a un bebé recién nacido. Desde el público emerge una señora abriendo los brazos y lentamente va entonando una canción de cuna. Todos corearon al unísono. Esta persona resultó ser una Madre de Plaza de Mayo que perdió a sus hijos durante la dictadura. Quien, sin decir una palabra, expresó que no hay fuerza mayor en la vida que la que da el aprender del dolor más profundo que alguien pueda sentir, para unir fuerza y ternura, y con ella construir un mundo que valga la pena legar para las próximas generaciones (Bustos, 2003).

Desde esa convicción de que dependemos unos de otros (y no hay otra salida) fue generando otros espacios como por ejemplo Llamada, la red de Psicodramatistas de Argentina, que tuvo sus inicios en la Casona de Humahuaca, un Centro Cultural en la zona del Abasto donde empezaron a reunirse, luego también de un período crítico. Sostener las redes era clave para él. Por eso me impresiona constatar una y otra vez que la ternura era para Dalmiro una decisión política: recuperar la sensibilidad y los vínculos, especialmente allí donde la vida se había vuelto precaria.

Hasta el final de sus días, Dalmiro estuvo presente en este espacio que iba tomando diferentes formas, presencial y virtual y que el viernes pasado hizo su homenaje al Maestro, la primera vez sin él y con él de una manera diferente. Allí surgieron algunas palabras que quiero recoger para compartirlas hoy que hablan de las huellas de Dalmiro en nosotros: tierno, atrevido y humilde, Cluster 2, riguroso, sabio, con humor, humanidad, ternura y respeto, autoridad, abrazo cálido, mago, Maestro. Había formado una gran Familia: había compañeros de muchas partes del mundo .En estos últimos años muy particularmente fuimos  testigos de una transformación en la vida de Dalmiro, a partir de la pandemia. Empezó a escribir su autobiografía: Caleidoscopio, manuscrito que dejó terminado en fase de revisión y publicación.  Su actividad incansable era predominantemente virtual.  Recibía visitas en su casa, donde hablábamos de lo cotidiano y también del mundo. Seguía con atención nuestro chat grupal de Llamada, aportando siempre su mirada, sus preocupaciones y sobre todo animando. Lejos de ocupar una posición de saber, le gustaba repetir una y otra vez, dos palabras mágicas: “No sé”, habilitando una posición de igualdad, de simetría. No quería ser un mito:

Busco mirarme en los parecidos
Y hombro con hombro con ellos sigo
Amando el cielo que compartimos,
Créanmelo” (Parodi, T. 2013)

Él decía que era difícil entrenar el Cluster 3 y que habría menos problemas en el mundo si lo lográramos. Cuando recuerdo a Dalmiro en lo cotidiano al final de su vida, junto a Elena, su compañera de toda la vida, atento a las nuevas necesidades que iban surgiendo con el ciclo de la vida (tenía su opinión acerca de la vejez, que repetía mientras se reía de sí mismo), sentado en su sillón y jugando con Bleicha, una perrita salchicha que despertaba toda su ternura y que hacía con él lo que quería…sentí que lo había logrado.       

  

  1. Cartas desde la gratitud.

Querido Dalmiro:

En un cambio de roles, hoy estás del otro lado, en otro escenario. Me ayuda pensar eso: que es solo un cambio de roles.    Alguna vez hablamos de la muerte y me dijiste que te hubiera gustado tener mi fe. Yo hoy te digo sintiendo tu partida, que me gustaría tener, cuando llegue el momento, tu capacidad de salir a escena en cada etapa de la vida. Son solo cambios de roles, aunque cada uno de ellos se nos haga entrañable, único, indispensable. Y uno no puede estar más que agradecido.

 Te imagino ahora: con Moreno y tu amiga Zerka protagonizando escenas de tu vida. Nos enseñaste que primero hay que saber ser protagonista para luego ser director. Y no te vas a perder eso. Y cuando ello haya pasado volverás a nosotros susurrando en nuestros oídos palabras, despertando gestos, escenas para que también podamos seguir caminando en un mundo que no sabemos adónde va, pero que amamos. Siempre me dijiste que no me quede con algo adentro, así que me viene esto, que hubiera querido preguntarte y no lo hice en su momento: el cierre “del domicilio físico” del Instituto luego de casi 50 años de albergar personas y grupos. Ese “lugar” con sus instalaciones, sus libros, sus espacios…transitar en ellos era dejar que las escenas volvieran al corazón y nos recordaran aprendizajes. Simplemente pensaba que “alguna razón tendrían” vos y Elena, pero no te pregunté nada.

Hoy tengo la sensación de que ese día, el Instituto se transformó en una flor que se llama Diente de león, que se sopla y vuela. Es una flor mágica, que los niños suelen recoger y soplar para que se expanda por todos lados. Lo siento cada vez que veo tu huella, en tantos colegas, en tantas personas que han pasado por los grupos, en el juego sencillo de los niños. No cabe duda que tu obra y la de Elena se expandió y todavía no sabemos hasta dónde llegó. Vuela ligera y liviana, fluye espontáneamente…y sí, hay muchos lugares, que hoy son el Instituto….

Al Maestro, al Terapeuta, al Formador, al Padre, Madre, Hermano…gracias. Volveremos a cruzarnos por el camino, nos sentaremos a la mesa y  compartiremos un lemon pie, como la última vez que nos vimos!

Silvia Adriana Lamanna

Buenos días Dalmiro:

No se me dan bien las despedidas, hasta tal punto que  si puedo evito realizarlas y si lo hago como en está ocasión lo hago con pocas palabras. En tu  test de la mirada leí que el encuentro se da sin palabras  dejando que los ojos se  den tiempo para verse mutuamente.

Hoy quiere recodar  tres   momentos en los que nos miramos. En el primero, me transmitiste  el valor de la vida, de la mía. Desde roles asimétricos como director y protagonista. En el segundo, me trasmitiste  el valor de lo que soy.  Te pregunte que había que hacer para crear una escuela de psicodrama,  que se necesita, como se lleva cabo. Estábamos cenando con los miembros de mi equipo y con la mayor naturalidad me dijiste: “para crear una escuela se necesita un maestro, pero  yo he venido a una escuela de psicodrama a Madrid.”

El tercer momento vino de la mano de una petición, en mi país el ministerio nos planteó el reto de ser científicos para tener  un lugar en el mundo de las psicoterapias, organicé un grupo de psicodramatistas. Con el objetivo de enfrentar el desafío, pero necesitábamos sentir que teníamos un referente y un mentor Nuestro grupo  se llama “Grupo de investigación en psicodrama Dalmiro Bustos Madrid”.

Hace muchos años hice mío este significado de la palabra gratitud. La gratitud “es una de las maneras más hermosas de querer”.

Gracias Dalmiro.

Teodoro Herranz Castillo

Referencias/Bibliografía

  • Blatner, A. (2000). Fundamentos del psicodrama: historia, teoría y práctica (4ª ed.). Springer Publishing Company.
  • Bustos, D. (1975). Psicoterapia Psicodramática. Paidós.
  • Bustos, D. (1980). El test Sociométrico: Fundamentos, técnicas y aplicaciones. Vancu.
  • Bustos, D. M. (1985). Nuevos rumbos en psicoterapia psicodramática. Individual, parejas y grupo en función social. Momento.
  • Bustos, D.M (2003). Rescatando la ternura https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-21895-2003-06-27.html
  • Bustos, D. M., & Noseda, E. (2007). Manual de psicodrama en la psicoterapia y en la educación.  Ricardo Vergara Ediciones.
  • Bustos, D. (2018).  Moreno y las Instituciones, Revista Psicoterapia y Psicodrama Vol. 6, nº 1,. Pág. 5-7
  • Bustos, D. M. (1992). Peligro... amor a la vista: drama y psicodrama de pareja. Lugar Editorial.
  • Cantos, A. (2018). Encuentro con el psicodrama: aplicaciones de la técnica psicodramática D.M.Bustos (1992), Revista Psicoterapia y Psicodrama, Vol. 6, nº 1, 2018. Pág. 13-22
  • Cukier, R. (2003). Psicodrama bipersonal: su técnica, su terapeuta y su paciente. Editora Ágora.
  • Herranz, T. (1990). Psicodrama individual y bipersonal: aspectos teóricos y metodológicos. Vínculos, 1, 47-102.
  • Herranz, T. (1999). Psicoterapia Psicodramática individual. Desclée de Brouwer.
  • Herranz, T. (2004). Psicodrama clínico: teoría y técnica.Ciencias Sociales
  • Herranz, T. (2012).  El final de un principio: el principio de un modo de pensar y hacer psicodrama, Revista Psicoterapia y Psicodrama, Vol. 1, nº 1, Págs. 77-87. •
  • Herranz, T. (2017). Resonancias de “psicoterapia psicodramatica 1975-2017” D.M. Bustos, Revista Psicoterapia y Psicodrama, vol. 6, nº1, pág. 49-64.
  • Parodi, T. (2013). Con el alma en vilo [canción] https://lnk.to/30AnosMas5Dias.

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