La hoja de psicodrama nº 72

EL ABRAZO VACÍO
Torres-Godoy, P.
Fecha de recepción: 05/05/2021.
Fecha de aprobación: 27/05/2021.
LA HOJA DE PSICODRAMA Nº 72 (50-59)

Resumen

El abrazo vacío corresponde a una metáfora de lo mucho que hemos  perdido durante este año y medio de pandemia. Junto con abrirnos a la  posibilidad de realizar un psicodrama virtual minimalista, reflexionamos  acerca de las bases neurobiológicas de las conductas de seguridad y  amenaza humana basándonos en la teoría polivagal del trauma, así como  la importancia del tele psicodramático, como primer acercamiento a  la neurobiología de la dramatización. Vemos la pandemia  como un trauma por dilución con consecuencias  individuales, grupales y sociales aún impredecibles.

Abstract

Empty hug is a methafor about how much we have lost in this pandemic. Minimalist psychodrama it´s a posibility for groups work on line. We refl ect about neurobiology of threat and security based on the polyvagal theory de Stephen Porges and its application in the tele psychodramatic. Th is is a fi rst step to achieve a knowlegde in neurobiology of dramatization. We see the pandemic as a dilution trauma. Individual, group and social consequences are still unpredictable.

El abrazo vacío. Neurobiología de la dramatización

INTRODUCCIÓN

El abrazo, una de las palabras más  bellas del castellano y una acción que  etimológicamente implica el prefijo ad  (hacia) y braccium (brazos), es decir ir hacia  los brazos de sí mismo, del otro y de los  otros. De nosotros, como abrazo grupal. También como la palabra amor significa  a sin y more muerte, la palabra abrazo puede entenderse y señalar que voy hacia  los brazos del otro, con o sin mis propios  brazos, sobretodo cuando solo requiero  quien me contenga frente al sufrimiento,  el dolor y la pérdida, así como mis propios  brazos estarán disponibles cuando, para  quien sufre, los requiera.

El abrazo, aquel gesto y acto que  puede rastrearse en la filogenia primate,  en donde los simios “terapeutas” abrazan  a una madre cuando esta pierde uno de  sus pequeños por ataque, depredación o  enfermedad. Aquellos, a través del abrazo,  el acicalamiento, el palmoteo en la espalda  y el contacto intencionado de manos con  un fin emocional y social, logran aliviar el  malestar de sus congéneres (Fossey, 2019;  Galdikes, 2013; Gooddall, 2019).

Porque la conexión social para aliviar  y regular el estrés en los mamíferos  superiores no sólo presente entre los  monos y simios superiores, también  lo está en todos los mamíferos que  han desarrollado durante milenios  un sistema nervioso autónomo vago  ventral, parasimpático, disponible para  la salud, el crecimiento, la reparación y  la recuperación. Mientras que el sistema  simpático, de alerta, gobernado por la  adrenalina, se activa para la lucha o huida  frente a la amenaza. Tradicionalmente se  pensó que ambos sistemas antagonizaban  en equilibrio. Sin embargo, en años recientes, gracias a las investigaciones  de Stephen wPorges, quien realizó un  rastreo anatomofiológico y filogenético  de las ramas del nervio vago, se conoce  el delicado equilibrio entre las acciones  neurobiológicas de las rama más primitiva  del nervio vago, denominada dorsal  y la más nueva o ventral, mamífera o  “inteligente”, mediada por acetilcolina y  el sistema adrenérgico de la adrenalina,  explican las respuestas conductuales  jerarquizadas del individuo frente a la  amenaza, el estrés y el trauma (Porges,  2016, 2018, 2019).

El abrazo es una de esas reliquias  filogenéticas que se han insertado en  la ontogenía del ser humano y se ha  socializado, trivializado, conservado –  parafraseando a Moreno – en conductas  estereotipadas, alejadas de sus orígenes  neurobiológicos, desnaturalizando sus  comienzos al servicio de la tranquilidad, la  relajación, el consuelo, la reparación. El abrazo social sirve para ser corteses  y bien educados, tal como el saludo, el  apretón de mano, el beso y la mirada.

Pero la háptica, la ciencia del tacto  o el estudio de la comunicación a través  del contacto y en particular de las manos  y la proxémica, que estudia espacio y  distanciamientos, íntimos, personales  y sociales naturales para salvaguardar  el territorio etológico individual,  dicen mucho más que lo que señalan  las conductas sociales intencionadas  conscientemente.

Los animales, las aves, los peces  mantienen una distancia etológica que  implica respetar biológicamente el espacio  de cada individuo en la naturaleza. Si esto  se trasgrede, al menos en los mamíferos  más evolucionados, viene la defensa del  territorio como respuesta condicionada  desde lo más hondo de la neurobiología  animal, así como el cuidado de la  progenie o de la hembra en la etapa del  apareamiento, por el macho más fuerte  (Levine, 2013).

Por su parte cada sociedad y cultura  humana tiene su propia háptica y  proxémica, acunada desde milenios en  cientos de lugares del planeta y ratifi cada  por cientos de miles de interacciones  sociales extendidas en el tiempo que van  certifi cando las reglas implícitas de las  relaciones humanas, que posteriormente se  transforman en leyes para la convivencia  o reglas explícitas, base de la ética de las  relaciones de personas y grupos, de forma  armónica y ecológica.

LA ONDA EXPANSIVA DEL TRAUMA

La pandemia del coronavirus  ha perturbado lo filogenético y  ontogenéticamente aprendido y establecido  durante muchos años. Lo ha hecho de  manera traumática, sin aviso y en forma  súbita, en horas, como suelen ser las  pérdidas y duelos catastrófi cos, que son de  carácter trágico, sin despedida del tiempo  previo y, por tanto, sin rito de transición ni  de cierre.

En Colombia un estudio acerca  de la onda destructiva de las bombas  en el campo de la guerrilla permitió  identifi car, respecto de la explosión  inicial, víctimas primarias, secundarias,  terciarias, cuaternarias, quinarias y otras.  Víctimas primarias son aquellas que sufren  directamente el trauma. Su cuerpo y  psiquis quedan afectadas rotundamente,  sea por mutilación, desmembramiento,  estallido de algún órgano o zona del  cuerpo, aunque conserven la vida en muy  malas condiciones o mueran. A nivel  psíquico desarrollarán un cuadro de estrés  postraumático complejo, dependiendo  de su historia vital, apegos, experiencias  límites previas y resiliencia. Las víctimas  secundarias son las que observan el horror,  ven el impacto, escuchan los gritos,  huelen los olores del campo de batalla, los explosivos, la sangre, la tierra suelta, el  piso. Suelen ser sus compañeros de equipo. Víctimas terciarias son personal de rescate,  salvamento, policías, bomberos, personal  sanitario. En este punto la información  trasciende el campo de batalla y traspasa  las fronteras a través de comunicaciones  invisibles de tan malas noticias. Estas  llegan a la familia, los amigos, el  vecindario y la comunidad. Muchos  comienzan a preguntarse si esto les podría  ocurrir a ellos. Suele escucharse dentro  de sus mentes: “Esto no me va a pasar a  mí, ni a mi familia, ni a mis vecinos, esto  sucede a otros, pero no a mí”, lo que es  una negación.

Entonces la pandemia puede usar la  metáfora de la onda expansiva del trauma  que ha ido penetrando persona a persona,  de casa en casa, de familia en familia,  de frontera en frontera, de país en país,  hasta transformarse en una masa informe,  silenciosa, invisible, secreta que horada la  sociedad entera.

Se trata de un psicotrauma colectivo  que ha cambiado en lo más hondo  nuestras costumbres sociales, insertas en la neurobiología cultural de toda la  humanidad.

Sin embargo, no podemos someter la  biología, aunque si distorsionarla en forma  obligada, para adaptarla como tantas  veces lo ha hecho el ser humano frente  a distintas situaciones traumáticas que  ha sufrido a lo largo de toda su historia;  catástrofes naturales, guerras, genocidios,  graves accidentes nucleares, epidemias.  Pero los genes no se modifi carán por esto.  Sufrirán, tal vez, una mínima perturbación  que se observará mucho más adelante en  el comportamiento colectivo, en algún  tiempo remoto, al que asistan otros  hombres y mujeres de generaciones futuras.

RELATO DE EXPERIÊNCIA  SALAMANCA, OCTUBRE DE 2019

Lo que natura non da, Salamanca non presta.

En 2019 tuvimos la oportunidad  de dirigir el taller de psicodrama  minimalista en el marco del 34 Congreso  de la Asociación Española de Psicodrama,  celebrado en esta magnífica ciudad de  España.

El psicodrama minimalista no es  una nueva manera de hacer psicodrama,  sino es el mismo psicodrama clásico  ejercido en forma parca, austera, ágil,  rápido y rotundo como herramienta de  transformación. Es decir, se trata del  psicodrama clásico moreniano llevado al  extremo de su pulcritud, con utilización  de los principios psicodramáticos básicos  y las técnicas fundamentales: doble,  doblaje, soliloquio, espejo, cambio de roles  e interpolación. Se suma a esta propuesta  un caldeamiento minimalista, es decir  ralentizado en sus movimientos, hasta  llegar a ser una especie de meditación en  movimiento que colinda con el trabajo de  configuraciones y constelaciones sistémicas  (Torres, 2019, 2020).

Utilizamos en el caldeamiento un  ejercicio aprendido en el Departamento  de Teatro de la Universidad de Chile, que  en un taller de dramaterapia utilizó la  maestra en danza, Francisca Infante, hace  ya muchos años.

El ejercicio consiste en una ronda de  abrazos vivenciales que se diferencian de  los abrazos sociales del saludo cotidiano  por la intensidad de aquellos, y porque  evocan, rememoran, otros abrazos dados  por los participantes en algún momento de sus vidas. La experiencia se exalta cuando  se pide a un integrante de la dupla que se  retire sutilmente, sin desarmar el abrazo  del compañero, quedando finalmente una  galería de abrazos vacíos en el espacio  de la sala que se visualizan como una  instalación teatral estática de gran potencia  escénica y estética. Luego se cambian roles. Previamente el compañero de dupla tiene  la oportunidad de entrar cuidadosamente  en algún otro abrazo, mientras que la  consigna final de esta parte del ejercicio  es volver al abrazo original, una vez  que ambos hayan vivido la experiencia  completa de estar tanto en el abrazo  original como en otros abrazos.

Los abrazos, por tanto, adquieren la  categoría de actantes, es decir, como en el  teatro, serán personajes.

Una vez en el abrazo original se indica  a los participantes se conecten con aquellos  abrazos dados, o no dados, pendientes,  vacíos, lejanos, cercanos, ajenos, de su  historia vital, generándose rápidamente  escenas importantes que a través de una  elección sociométrica se dramatizan  las protagónica y coprotagónicamente. Sostenemos que en el psicodrama  minimalista es conveniente dramatizar  ambas puesto que una es la resolución de la  otra, es decir, la coprotagónica resuelve (o al menos complementa) a la protagónica,  generándose una gestalt. Hemos realizado  la observación de que muchas veces la  elección sociodramática arroja al menos  dos escenas.

Motivado por la belleza estética de  lo logrado en Salamanca que nos doto  la naturaleza de los abrazos, decidimos  presentar de manera ampliada este trabajo  en el 47° Simposium de la SEPTG en  Cullera en Mayo de 2020, cuya consigna  general era la invisibilidad.

El resumen de la propuesta es el  siguiente:

GALERIA DE ABRAZOS:  SILENCIO, INMOVILIDAD,  TRAUMA Y REPARACIÓN.

El abrazo terapéutico y sus trazas  en la evolución humana desde sus  inicios tanto fi lo como ontogenéticos,  no sólo como conducta social, sino  arraigado en lo más profundo de lo  terapéutico grupal y corporal, se exponen  en este taller. Se trata de un abrazo  que contiene y sostiene, hasta que la  energía desplegada, se diluya natural y  espontáneamente. Galerías de abrazos  permanecen en el espacio congelados,  y nos llevan a los abrazos primigenios,  aquellos que nos alientan a explorar  psicosociodramaticamente, en escenas, el  origen de asuntos pendientes, despedidas  y traumas. El silencio y la inmovilidad,  cristalizados en movimientos lentos, son  transiciones hacia dramatizaciones de  traumas relacionales, desde lo micro, lo  cotidiano, hasta lo macro, extendido a  lo social. Lo no visible, transparente y  la intención, también subyacen en las  escenas latentes.

PANDEMIA EN ACCIÓN

Si natura da PANDEMIA, surge la  CREATIVIDAD

La pandemia no solo cancelo miles  de vuelos intercontinentales en todo el  planeta. También lo hizo con cientos  de congresos, simposios, encuentros y  reuniones científicas en todo el mundo.

Sucedió también con el Simposio de  Cullera, España, de la SEPTG, el 2020.

Echo por tierra el diseño del taller de  los abrazos presentados como propuesta,  ante esta nueva normalidad definida por  el distanciamiento social en donde los  abrazos cercanos son anatema. ¿Cómo re- diseñar algo tan arraigado en la  naturaleza humana como los abrazos, por  algo que lo reemplace?

El coronavirus nos lanzó a un destino  incierto en donde el nuevo distanciamiento  social desafió la proxémica de milenios,  desde la obligatoriedad sanitaria, por tanto  contextual, hasta lo cultural transitorio.

Nuestra propuesta de Salamanca  fue un anticipo por dos razones: Se trató de psicodrama minimalista. O sea, un  psicodrama que requiere un mínimo de  elementos conservando lo esencial del  psicodrama de Moreno tanto en lo teórico  como en lo técnico, con la sugerencia de la  necesidad de que el psicodrama se adapte  a los tiempos postmodernos, como lo es  el arte minimalista. Sin espacio, con un  mínimo de movimientos, sin tiempo o en período acotados, sin contexto, incluso sin  grupo y ahora en tiempos de pandemia,  sin contacto. Agregaríamos sin cuerpo,  en actualización con la práctica del  psicodrama virtual.

El caldeamiento se realiza con  movimientos lentos y, el ralentizar la  acción, conduce a un tipo de psicodrama  que hemos llamado consteladrama, una  mixtura entre confi guración o constelación  sistémica y psicodramatización clásica  (Hellinguer & Bolzmann, 2003)

Dado que hemos observado que las  escenas vienen en dupla, o sea la elección  sociométrica arroja una escena protagónica  y otra coprotagónica, el desarrollo de  esta última, se lleva a cabo con la técnica  de psicoterapia de la relación creada por  el brasilero José Fonseca, que también  recibe el nombre genérico de psicodrama  minimalista, aunque para mí, este último término no alude a una técnica solamente,  como la antes señalada, sino a un enfoque  adaptado a los nuevos tiempos y en particular a los tiempos de pandemia

En estos momentos de reflexión  inundan las preguntas. Aún no hay  respuestas. Sólo algunas hipótesis. Menos  se dispone de un dispositivo que reemplace los abrazos. Aunque estoy cierto que ya  lo habrá, aunque sea transitorio, como  un puente. Ni las manos que se tocan  mutuamente y que trasmiten emociones, ni  el contacto cercano cara a cara, ni el juego, ni el humor y la frescura del momento físico presente.

Vemos con respeto la reedición del  psicodrama en plataformas virtuales. Aunque sentimos nostalgia y a la vez  teniendo la certeza de que aquello, el tocar,  el encuentro piel a piel, los abrazos, son  irreemplazables. No nos autoengañemos. Nada podrá reemplazar el encuentro directo del psicodrama que promulgó  Moreno (Moreno, 1995). Sin embargo, valoramos y agradecemos a quienes  mantiene la ilusión y esperanza de volver a  encontrarnos cara a cara, ojo a ojo, piel a  piel. Aunque hoy sea a través del mundo  virtual y se amplíe la interesante propuesta  de mixtura real/ virtual o hibridación  off y on line, con lo que el psicodrama  minimalista puede funcionar sin fronteras, es decir personas y grupos presenciales  y otros virtualmente en un tiempo  sincrónico provenientes de otros lugares o países situados a grandes distancias  intercontinentales (Vaimberg R., 2012).  Imaginemos ese gran momento en que  abran los espacios y que todos, inmersos en un gigantesco ritual del mundo, una fiesta,  un carnaval, volvamos a la esencia del  encuentro Moreniano que, comenzando  y concluyendo con lo físico, lo terrenal,  conduce al encuentro de las centellas  divinas que somos, más allá, en el espacio  real y ciberespacio.

Citando a Moreno:

“El concepto de encuentro está en  el centro de la psicoterapia de grupo y  significa estar juntos, encontrarse, tocarse  dos cuerpos, ver y observar, palpar, sentir  compartir y amar, comunicación mutua,  conocimiento intuitivo mediante el silencio y  el movimiento, la palabra y el gesto, el beso o  el abrazo, unificarse”.

PANDEMIA, TRAUMA Y  RECUPERACIÓN

Pensamos que la pandemia se  configura como un trauma colectivo  de tipo acumulativo y por dilución. Una seguidilla de pérdidas sucesivas  que van desde el miedo natural al  contagio desde el inicio de la emergencia  sanitaria, instrucciones acerca de cómo  comportarnos en el hogar y la ciudad,  con el llamado distanciamiento social e incluso íntimo. La consecuencia inmediata  de esto último en la pérdida del contacto  físico piel a piel, saludo de manos, abrazos,  caricias; pérdida del compartir con nuestros seres queridos y en especial con  los adultos mayores. En suma, pérdida de  libertados que antes dábamos por hecho,  tácitamente. Pérdida de la cotidianeidad.  Pérdida de rutinas y rituales. Es decir,  hemos dejado de abrazar a muchas  personas, cosas, costumbres y situaciones  gratas del día a día. El abrazo vacío es una  metáfora de lo mucho que hemos perdido  y dejado de abrazar en el mundo personal,  privado y colectivo.

Por otro lado, estamos explorando  nuevos lenguajes en la virtualidad.  Lenguaje verbal por cierto y lenguaje de  señas, pero también nuevas maneras de  comunicarnos corporalmente, lo que es  más complejo en lo virtual, toda vez que  la háptica, es decir, lo que decimos a través  del contacto piel a piel, con las manos, el  especial la palma en donde se acumula una  enorme y rica sensorialidad comunicativa, no está presente, por ahora, en las  tecnocomunicaciones. Tal vez en el futuro  lo estén. Sabemos que el avance en los  videojuegos y la rehabilitación robótica de  las extremidades, cada día son más capaces  de emular la propiocepción compleja de  manos, brazos, piernas y pies, por ejemplo,  de pacientes mutilados.

El mundo de la comunicación  virtual, por ahora es bidimensional, al  estar ubicados frente a una pantalla plana en donde los sentidos de la visión y la  audición son los únicos implicados. Frente  a la pantalla permanecemos sentados y  parte de nuestra mente, también lo está.  No se trata de emular lo que hacemos  en la vida real en lo que hacemos en  pantalla. Se trata de una conexión con otro de tipo bidimensional, plana y  bisensorial. Falta la tridimensionalidad,  la profundidad, lo estereoscópico, en definitiva, la multisensorialidad plena de  la comunicación cuerpo a cuerpo, cuando  compartimos con algún otro.

Se comete un error no sólo  conceptual sino también procedimental  cuando queremos reproducir lo que  hacemos con prácticas terapéuticas  activas como psicodrama, dramaterapia  o teatro playback, al estar trabajando  con un grupo virtual. Nos parece un  contrasentido si además nuestro trabajo  en con psicotraumas y buscamos adaptar  los métodos terapéuticos de trabajo  real al trabajo virtual. No descarto  la complementariedad entre ambos  dispositivos. Sin embargo, es necesario  crear nuevas estratagemas para llevar la  acción corporal más allá, a través de la  pantalla. Es más, nos parece se trata de  herramientas tremendamente útiles si  antes de aplicarlas impulsivamente en  medio de la emergencia, pudiésemos reflexionar acerca de algunos tópicos  como lo señalado con anterioridad. El  contrasentido surge con que las vivencias  traumáticas se alojan en el cuerpo. La pandemia como trauma se ha alojado en  nuestros cuerpos silenciados, aislados,  detenidos, confinados, asustados. Y eso es real, amén de que gran parte de  dicha traumatización sea vicaria al estar  sometidos a los medios periodísticos de  comunicación masiva basadas en imágenes  y audios, tales como la televisión, radio,  prensa y fotográfica y redes sociales. Es  real toda vez que tenemos un familiar  directo, una pareja, un paciente, un vecino aquejado de COVID-19 o fallecido, y  no por eso debemos salir huyendo, tal como lo impondrían nuestros mecanismos  defensivos basados en el sistema simpático  que nos instaría, neurobiológicamente a  escapar físicamente. Debemos quedarnos  al cuidado del enfermo, como lo hace el  personal sanitario, en base a principios  gregarios éticos y del cuidado de los que  sufren, herencia de nuestra filogenia.

El error al que aludo en un párrafo  anterior radica en que en lo virtual no está  implicado ni comprometido el cuerpo.  Se trata de un mundo aséptico en el que  permanecemos solos, como en una cámara  de vacío, de esas en las que colocan a  los astronautas cuando regresan de los  vuelos espaciales, para supuestamente no  contaminar a la población mundial, solo que en este caso nosotros nos ponemos en  esta asepsia para no ser contaminados por  los infectados.

Sucede que el hecho de estar solos  a otro lado del ordenador deja en la  transparencia nuestro propio y real  escenario, el de nuestro escritorio, sala  de trabajo, terraza, pieza de estar o  dormitorio. No es menos importante este  mundo real que se encuentra a espaldas de  la pantalla.

Allí mora parte de nuestra historia;  curiosos objetos, vestuario, libros,  fotografías, cuadros, adornos, floreros,  plantas, figuritas, estufas o ventiladores si  estamos en un hemisferio o en el otro. Ese espacio no es prohibido. Se trata más bien  de un espacio ignorado. Como si lo virtual  lo desechara como algo inútil. Ese espacio real nos muestra en parte, como somos  en nuestra intimidad. Pero dar la espalda  a la pantalla parecería un gesto anómalo  que desnaturaliza la virtualidad, tal vez  la confunde. En foros virtuales en los que  he participado y en varios artículos que  he revisado al respecto, me quedo con la  impresión de que bastaría con ver bien el  rostro, la mitad del cuerpo hacia arriba y  las manos.

Por lo tanto, queda la pregunta  acerca de qué es lo que la virtualidad  niega. Porque justamente niega lo  que nos hace más humanos y es que  estamos profundamente solos cuando  nos comunicamos en línea. Estamos  aislados y solos. Encerrados en un  mundo pequeño que contienen nuestros  objetos preciados, muchos de ellos, otros cotidianos o simplemente otros de desecho a punto de ser tirados al  papelero.

Si pudiésemos transparentar esta  realidad a través de un comentario  verbal o de algún gesto con las manos o el cuerpo, sería partir con una verdad  ineludible, honesta y rotunda. Constatar  estar solos, es transparentar una realidad  que no necesariamente daña. Es un  punto de partida nuevo para una realidad  integrada, como debería ser, entre la  realidad concreta, física, orgánica, sensorial, con lo virtual cibernético.

Trabajar con grupos  psicotraumatizados en línea es una  tremenda oportunidad de crear y re-crear  nuevos lenguajes para caminar juntos en  esta exploración para describir nuevos  horizontes comunicacionales virtuales  que complementen y se integren con la  comunicación directa. No que compitan.  Menos que surja la idea de un mundo  apocalíptico en donde la matrix sea la  manera final de estar en el mundo y en  donde desaparezca el contacto humano,  para dejar de ser humanos.

Se trataría de una propuesta en donde ambos mundos se complementen  armónicamente y produzcan nuevas  realidades integrativas, fuertes y  generadoras de salud.

Finalmente existe una tercera  premisa acerca del trabajo con  psicotrauma agudo y acumulativo.  Promulgamos el trabajo con movimientos  lentos. Ralentizamos la acción corporal  personal y grupal. Emulamos el origen  de la danza Butoh, nacida en el contexto  post destrucción atómica de Hiroshima  y Nagazaki. La danza de la oscuridad  fue llamada en sus inicios cuando  dos artistas japoneses, Kazuo Ohno y  Tatsumi Hijokata, conmovidos por las  imágenes de algunos sobrevivientes de  ese desastre que caminaban por las calles  con sus cuerpos quemados y sus globos  oculares reventados colgando sobre las  mejillas, inician la búsqueda de un nuevo  cuerpo, el cuerpo de la postguerra y así  nace la danza Butoh, que se caracteriza  por movimientos lentos, expresivos e  imaginativos, con temáticas tan amplias  como difusas, que tocan aspectos  fundamentales de la existencia humana,  al explorar distintos estados anímicos  (Torres, 2019).

TELE Y TEORÍA POLIVAGAL

En psicodrama Tele es definido  por Moreno como “la más pequeña  unidad de sentimiento, trasmitido de  un individuo a otro a distancia y sin  un conocimiento e historia relacional  previa” (Garrido Martin., 1978). Se refiere a la percepción interna mutua d  los individuos. Hago hincapié en que sea  elección a distancia y sin conocimiento  previo para realzar el impacto del primer momento en que dos personas se  encuentran y experimentan sentimientos  de atracción, rechazo o indiferencia, valencias sociales que son fundamentales para la sociometría que creó en los  comienzos de sus estudios más el test sociométrico, que es el instrumento de  medición central para levantar gráficas  microsociales de grupos, como lo es el  sociograma.

Destaco además el encuentro en el  momento presente para referirme a la  coherencia en las percepciones internas  de los individuos, o sea si ambos se  rechazan, se atraen o son indiferentes, simultánea y coetáneamente, genera relaciones humanas más congruentes,  acordes y consecuentes, lo que se percibirá  en el clima emocional del campo.

Este clima armónico se corresponde  con buenos índices de espontaneidad, creatividad y salud individual, grupal y  colectiva.

La percepción emocional a distancia implica que lo que se percibe  no son precisamente gestos mínimos o microconductas que requieren,  para su aprehensión, una percepción más específica de las particularidades  del encuentro humano. Diría que  a distancia se perciben volúmenes, cuerpos en movimiento, cadencias de los  desplazamientos, tonalidades prosódicas  de la voz, no necesariamente palabras,  sino el canto o la melodía, gestos  gruesos con sentido. También pueden  percibirse interrelaciones entre dos o más  personas, coreografías, armonías, o sea  componentes estéticos de la experiencia  interaccional humana que trasmita  seguridad, confianza y entrega.

Desde la teoría polivagal de Stephen  Porges podríamos plantear que Moreno,  cien años atrás desde una mirada  clínica logra describir las valencias de  atracción, rechazo e indiferencia en base  a lo que genera seguridad, amenaza o indiferencia en un grupo humano con  base en la neurobiología de los sistemas  jerarquizados de conexión social, sistema simpático de lucha o fuga y sistemas primitivos de activación de la rama dorsal del nervio vago, que genera bloqueo,  parálisis, disociación o desmayo.

La teoría polivagal de Porges plantea  que el ser humano reacciona con una  activación jerarquizada de sus sistemas  psicológicos defensivos en donde lo  primero que se activa frente a un estímulo nuevo o novedoso, sería la conexión social  mediada por la rama ventral del nervio  vago, también llamado vago inteligente o  mielinizado. Esta activación sucede en el caldeamiento psicodramático en donde  a través de ejercicios corporales grupales,  se promueve el juego no competitivo  entre los miembros del grupo, con  el surgimiento natural del humor, la  relajación, confianza y colaboración. De igual manera esta activación vagal ventral  puede ser posible en el juego competitivo  de los deportes interactivos, tales como  el tenis, la maraton, el futbol y otros que  generan un clima de respeto y confianza  en donde la agresividad esta inhibida. Es decir, la respuesta de ataque o fuga,  mediado por la adrenalina liberada en  los ganglios simpáticos paravertebrales,  queda inhibida por esta primera gran  barrera vagal ventral que promueve la  cooperación, la amistad y la colaboración  mutua por un fi n superior que es el  bienestar colectivo.

En el caso del psicodrama el fin  superior de la conexión social que genera  el caldeamiento es la dramatización  que suceda en un clima de contención  y no de amenaza que podría inhibir la espontaneidad y creatividad personal del  protagonista y del grupo.

Conclusiones

Generar conocimientos acerca de la  neurobiología de la dramatización ha sido  un anhelado objetivo de psicodramatistas,  dramaterapeutas y todo especialista en  prácticas grupales con técnicas activas.  Centrados, encantados y muchas veces  obnubilados por la magia del psicodrama  presencial, la investigación clínica basada  en la evidencia, así como la teorización  neurocientífica del sujeto en situación de  dramatización han quedado relegados y  postergadas hasta el momento actual. Se  pueden reconocer esbozos e intentos para  comprender este funcionamiento, es decir,  que es lo que sucede en la neurobiología  de la dramatización terapéutica. La  pandemia, la virtualización de las  comunicaciones, el desarrollo del psicodrama on line, han permitido que los  psicodramatistas permanezcan sentados  frente a la pantalla por un tiempo más  que suficiente para poder pensar acerca  de su quehacer en términos científicos  y biológicos. La aplicación de la teoría  polivagal de Stephen Porges para conocer  la regulación emocional frente al estrés y al trauma, así como los aportes de Peter  Levine con su experiencia somática y otros  autores que trabajan con el cuerpo en  la resolución del psicotrauma, ubican el  psicodrama en un continuo que va desde  las terapéuticas corporales más orgánicas  hasta aquellas más mentales, que requieren  más teorización e investigación.

Referencias/Bibliografía

Fossey, D. (2019). Gorilas en la niebla. Pepitas de calabaza.

Galdikas, B. (2013). Reflejos del edén. Pepitas de calabaza.

Hellinger, B., & Bolzmann, T. (2003). Imágenes que solucionan. Alma Lepik.

Levine, P. (2013). En una voz no hablada. Alma Lepik

Goodall, Jane (2019). Una vida dedicada al estudio de los chimpancés salvajes de África. RBA Libros.

Porges, S. (2016). La teoría polivagal. Fudamentos neurofisiológicos de las emociones, el apego, la comunicación y la autorregulación. Pleyades.

Porges, S. (2018). Teoría polivagal. El poder transformador de sentirse seguro. Elefthería.

Porges, S., & Dana, D. (2019). Aplicaciones clínicas de la teoría polivagal. El nacimiento de las terapias influenciadas por la teoría polivagal. Eleftheria.

Torres, P. (2020). Sangra la escena. Psicoteatro del trauma y del duelo. EDRAS.

Torres, P. (2019). Dramaterapia. Teatros que curan el alma. Letra Viva.

Moreno, J. (1995). Psicodrama. Lumen-Horme.

Vaimberg R. (2012) Psicoterapia de grupo. Psicoterapia de grupo on line. Teoría, técnica e investigación. Octaedro

Garrido Martin E. (1978) Psicología del Encuentro. Sociedad de Educación Atenas.

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