SICODRAMA E IDENTIDADES TRANS
Mel Constain.
LA HOJA DE PSICODRAMA No 81 (16-29)
Resumen
Somos seres sexuados, esto quiere decir, que venimos de una reproducción sexual: dos gametos con material genético diferenciado que se une e integran en un medio determinado y emerge un ser nuevo, diferente e irrepetible en un contexto determinado. La diferenciación que esto genera no es exclusivamente corporal, como muchas veces se simplifica y tergiversa socialmente. No es una cuestión de pene o vulva, hombre o mujer, sino que la diversidad sexual es muchísimo más amplia y se encuentra en un espectro en el que interseccionan múltiples variables que lo constituyen.
El sicodrama de Rojas-Bermúdez realza la importancia de la realidad biológica de cada persona, su forma de leer y relacionarse con el medio para sostener su propio sistema. Nos aporta una ética profesional basada en seguir al paciente. No obstante, no abarca en profundidad aspectos relacionados con la sexualidad como identidad. El presente artículo pretende generar un puente de unión entre los estudios LGTBIAQ+, especialmente trans*, la sexología y el sicodrama. Resaltando puntos de encuentro, carencias y espacios de exploración.
Sicodrama e identidades trans
“La tarea del director es acompañar y seguir al paciente en su búsqueda de su verdad (que puede ser diferente a «la verdad» del terapeuta)” (Rojas-Bermúdez, p.50, 1997) “Una especie sin variabilidad no tiene potencial evolutivo alguno, como una marca sin nuevos productos de desarrollo”
(Roughgarden, p.42, 2021) “Los códigos unen a las personas, los estereotipos las comprimen” (Yavícoli, p. 231, 1988)
“E, se são raros, diamantes tambén os são. Ninguém contesta a existência de diamantes” (Nevy, p,9, 20024)
¿QUÉ ES LA IDENTIDAD SEXUAL/ SEXUADA?
Nuestra sexuación se inicia con dos gametos y prosigue con una configuración específica de cromosomas (xx, xy, xxo, xxx, xxy, etc.), un sistema hormonal (con diferentes niveles de estrógeno, progesterona, testosterona, enzimas intervinientes y receptores con mayor o menor presencia, órganos en diferentes partes corporales), una constitución genital interna (trompas, conductos, ovarios, testículos, útero y 2/3 de la vagina) y externa (vulva, 1/3 de la vagina, escroto, pene, ubicación del conducto urinario), y una producción o no de gametos (espermatozoides y óvulos). Continúa toda la vida, se intensifican en la adolescencia con una diversidad de fenotipos (altura, distribución de la grasa, tipo de desarrollo mamario, vellosidad corporal…) y finaliza con la muerte.
Por tanto, son múltiples las variables que constituyen el ser sexuados o el hecho sexual humano. La autoconcepción de nuestra sexuación es lo que llamaremos identidad sexuada. Socialmente, hablamos del hecho de ser “ hombres” o “ mujeres”. No obstante, esto es una mirada reduccionista que plantea dos polos exclusivos, excluyentes y opuestos. Para incluirte en un polo solo se tiene en cuenta la genitalidad externa y este factor se determina la identidad y autoconcepción que deben tener las personas. Sin embargo, hay muchas variables moduladoras, si combinamos las posibilidades fisiológicas, psicológicas y culturales obtenemos un espectro mucho más amplio.
Adicionalmente, estás concepciones pierden de vista un concepto muy claro que tenía Rojas-Bermúdez (1997) y es que el ser humano es una integración de las estructuras genéticas programadas interna (EGPI) y externa (EGPE) con una realidad biológica emergente única. Rojas-Bermúdez (1997) basa su teoría del siquismo, entre otros conceptos, en la complementariedad entre la EGPI y la EGPE. Por ejemplo, boca-pecho, defecación-cuidados de higiene, organismo-interacción medio, etc. De esta relación emergen unos registros, las huellas mnémicas, únicas y exclusivas. Cada persona “configuran la representación neural de su entorno […]. De tal manera, tenemos que considerar que los procesos neurales distan mucho de la realidad ambiente” (p.356). Esto es la realidad biológica (Jacob, 2005) que plantea que cada persona integra la realidad mediante su sistema nervioso, único, con su propia forma de percibir, registrar, relacionar y responder. Esto genera una realidad única, no habiendo dos realidades iguales.
Aquello en lo que nos convertimos tiene más que ver con las relaciones que establecemos que con nuestros genes
Relacionando los conceptos anteriores, lo que constituye nuestra identidad no es solamente la EGPI, sino que los factores socioambientales como la nutrición o las oportunidades de exploraciones, entre otras, van a afectar a los fenotipos. En tanto a lo fisiológico, lo vemos claro, la desnutrición afectará a la altura o la fertilidad. Sin embargo, es más complejo con variables sicológicas y culturales.
Como dice Joan “aquello en lo que nos convertimos tiene más que ver con las relaciones que establecemos que con nuestros genes atómicos” (Roughgarden, p.30, 2021). Siendo más relevante la integración entre EGPI y EGPE, la interacción entre ambas, que cada una por separado. Para constituir un concepto sobre quien soy yo en relación a mi sexuación, cada persona usará el lenguaje, aprendizajes y recursos sociales a su disposición. Será diferente la identidad sexual de una persona que su entorno ha sido restrictivo o no, expresarán alegría, rechazo o vergüenza ante su cuerpo, su genitalidad o las normas sociales de forma distinta.
La concepción que empleo de identidad sexuada es la autopercepción con relación al hecho de ser sexuado. Se diferencia entre la intrapersonal, referida a la forma que el yo integra sus percepciones, sensaciones, sentimiento e interacción consigo misme. Y la interpersonal, la interacción con otras personas a través de la atracción (orientación afectivo-sexual), la orientación relacional (ética y estructuras de relación) y expresión sexuada. “Cada pessoa nasceria, portanto, com un aparato biologico com o qual se assimilan experiências vividas no mundo externo, tornandos-e mais o menos signficativas na formacão identitária” (Nevy et al., p.11, 2024)2.
MODELO SOCIAL DE LA IDENTIDAD SEXUADA
Como comentaba, la identidad sexuada en nuestro contexto occidental, colonialista y normativo, se basa en el hecho de ser hombre o mujer. En el que se le incluye una estructura rígida, polarizada, excluyente y constante de cómo es ser hombre y mujer. Todo este debate se encuentra en constante disputa entre lo que corresponde al sexo o al género, a la cultura o la biología.
El sexo, es un concepto moderno que aparece en las ciencias, al igual que el empleo de este como forma de hablar de los genitales (Amezúa, 2003). Previamente se consideraba el mismo cuerpo con la genitalidad inversa, habiendo llegado uno a término y el otro no. Posteriormente, hay una atribución de cuerpos-sexo separados que ha movilizado y potenciado multiplicidad de estudios con una división binaria del comportamiento y una atribución causal al desarrollo diferenciado del cuerpo y del cerebro, sin cuestionar si hay otros aspectos corporales/ambientales que eliminen las diferencias. La mayoría de investigaciones no ha tenido en cuenta cómo las ideas sociales afectaban a las conjeturas acerca de los cuerpos ni una actualización situada (Fine, 2011, Roughgarden, 2021).
Aún sin consenso de qué es ser hombre o ser mujer sí hay varias variables que se le atribuyen y validan de forma normativa y lineal en base al sistema sexo-género patriarcal. A nivel de características sexuales se esperan dos modelos. Por un lado, las personas xx, con un nivel específico hormonal, con trompas, ovarios, útero, vagina penetrable, gametos y órganos fértiles, una vulva estéticamente determinada. Por otro, las personas xy, con un nivel específico hormonal, conductos, testículos, prepucio, pene y conducto urinario ubicado en el pene. Cuando, supuestamente, hay ajuste a estas ideas médico-social normativo, se nombra endosexual.
A nivel social al grupo “xx” se les atribuye ser mujeres, y al “xy” ser hombres. Cuando posteriormente se mantiene esta identificación como tal, hombres con pene y mujeres con vulva, se denomina cis. Al modelo “xx” se le asigna una expresión socialmente femenina, sentir atracción afectiva y erótica (alosexualidad), dirigidas hacia hombres (heterosexualidad), con deseo de una pareja monógama y familia con descendencia. Al “xy”, la masculinidad, sentir mucha atracción erótica y algo afectiva, hacia mujeres, con deseo monógamo, pero con una mayor permisividad e impunidad hacia las múltiples relaciones, la infidelidad y la no implicación o deseo de crianza. En ambos casos son los modelos normativos, privilegiados y de la estructura patriarcal.
“La identidad sexuada en nuestro contexto occidental, colonialista y normativo, se basa en ser hombre o mujer».
De este modo, a unos (a) genitales visibles se les atribuye una (b) anatomofisiología específica (modelo xx/y), (c) una identidad sexuada que dicta quién es (identidad intrapersonal), (d) cómo se desea y (e) cómo expresa su ser sexuado (identidad interpersonal). Asentando una visión lineal, la perspectiva binaria. De estas, la expresión sexuada (e) es la que se ha estudiado y señalado más como un constructo social. La feminidad/masculinidad claramente varía en base al país y la época. Por ejemplo, el color rosa, maquillaje y tacones antes eran asignado a los hombres o los vaqueros como un símbolo de masculinidad o algo unisex. En las últimas décadas se ha popularizó la expresión andrógina como una intermedia, o una fusión de ambas.
Este modelo se ha constituido como hegemónico y universal. Sin embargo, existen muchas críticas actualizadas. Nos centraremos en las investigaciones revolucionarias de la biología de Roughgarden y las investigaciones en movimientos sociales de las culturas originarias.
La bióloga Roughgarden (2021), expone que solo hay un aspecto biológico binario reconocido en la biología: los gametos, ya que se suelen diferenciar entre un mayor o menor tamaño (p.54) y no hay otro aspecto que sea binario. Todos las demás variables sexuadas se mueve en un espectro. Sin embargo, el sistema sexo-género normativo ha tipificado que sólo existen dos cuerpos válidos y naturales. La consecuencia es la invisibilidad y violencia de la diversidad genital, corporal y sexuada; más específicamente de las personas intersex, trans* y/o de las identidades ancestrales.
Joan plantea que “en el mundo es más común el hermafroditismo3 que las especies gonocoristas en las que los sexos se encuentran separados en cuerpos diferentes. El estado de sexo separado-cuerpo a menudo es visto como lo «normal» […] La alternativa es considerar el hermafroditismo como la normal original” (p.66, 2021). También expone como es muy frecuente el cambio de sexo por cambios ecológicos o sociales, las configuraciones familiares “no-heterosexuales y no monógamas”4 y cómo la lectura social de la época ha generado una extrapolación e identificación directa de hembra-docilidad y machos-agresividad cuando hay una variabilidad más grande.
Schuller (2018) y Gargallo (2012) resaltan cómo la concepción binaria se empleó para diferenciar a la gente blanca de las originarias en la colonización. De modo que las personas blancas, eran seres humanos civilizados ya que su especie se dividía entre hombres y mujeres con roles sociales bien diferenciados, mientras las categorizadas como negras e indígenas seguían siendo animales que no se diferenciaban sexualmente. No podemos, pues, separar los conceptos de género y “raza”, puesto que el género según la racialización dio acceso a la categoría de humanes (Nevy et al., 2024).
Gracias a la visibilidad y activismo de comunidades originarias podemos saber que, a pesar del borrado histórico, la organización de la sexualidad occidental no es la única ni es universal. Muchas culturas tenían sus propios sistemas como Guendaranadxii, (Gómez, 2016) y en la que, a pesar de la asimilación cultural, mantiene una estructura con hombres, mujeres y muxes. Podemos recuperar conceptos originarios de la creación no binarizados, excluyentes y polarizadas sino basados en la complementación de dos elementos no contrarios y que, no tenían por qué ser femeninas/masculinas (Gargallo, 2012). La perspectiva precolonial planteaba que la complementación genera una realidad distinta, en consonancia con la integración funcional emergentista, una de las bases de Rojas.
En artículos como los de Pérez (2014) se observan como diferentes culturas originarias no diferenciaban la identidad sexuada intra e inter como en la nuestra. En ellas, existen desde tres hasta siete tipos de identidades, rituales de paso para determinar la identidad en la infancia y en la adolescencia, no siendo siempre determinado en el nacimiento o por factores biológicos.
Todo esto derrumba la idea de solo dos sexos, puesto que la integración de tantas variables genera un espectro. De forma más simplista, se plantea el sexo como las corporalidades endosex eliminando las intersexualidades en las cuales encontramos más de 42 variaciones. Por tanto, hay más de 44 variaciones identificadas a nivel médico sin contar con todas las variaciones internas que existen en lo endosex que no se estudian y categorizan como variantes del sexo. . También rompe la concepción universal de asignación lineal e inequívocamente genitalidad-identidad. Por tanto, en nuestra sociedad occidental, colonialista y endocisaloheteromonormativa encontramos a día de hoy personas cis (aquellas que se sienten identificadas con la asignación al nacer, mujeres con vulva y hombres con pene y personas trans*, aquellas que la asignación al nacer y la identidad no coincide.
¿QUÉ ES LO TRANS*?
El término trans* hace referencia a un paraguas que abarca una multiplicidad de formas de entender la propia identidad y de autodeterminarla desde diferentes lugares. Somos personas que se nos asigna una identidad al nacer pero no corresponde con nuestra identidad. Se emplea el asterisco para resaltar que no todas las personas contarán con las mismas necesidades ni narrativas. En esta amalgama de realidades podremos incluir personas genderqueer, genderfluid, hombres y mujeres trans, no-binaries, crossdressing, drags, travestis, etc. (Platero, 2014, Constain, 2020). A pesar de ser una etiqueta amplia, en España la clasificación se suele simplificar entre personas binarias y no binarias. Son las narrativas más visibles, conocidas y con mayor movimiento social.
Las personas trans* binarias son aquellas que su identidad y la asignada al nacer es errónea y su identidad es binarias: hombres que nacieron con vulva, mujeres que nacieron con pene y algunas personas intersex.5 “Les no-binaries son quienes su identidad sexuada intrapersonal no coincide con la asignada al nacer y se encuentra fuera del parámetro hegemónico mujer/hombre, ya sea por fluidez, simultaneidad o encontrarse parcial/completamente fuera del binarismo.” (Constain y Herrera, p. 23, 2021).
A nivel legislativo, los Principios de Yogyakarta declaran que “la identidad de género que cada persona defina para sí, es esencial para su personalidad y constituye uno de los aspectos fundamentales de su autodeterminación, su dignidad y su libertad” (Chang y col. 2007). En España existen leyes de no discriminatorias LGTBI y de despatologización desde 2009, tenemos la vigente Ley 4/2023 de despatologización trans estatal6. Desde las ciencias, en la sicología, medicina, educación, servicios sociales y todas las áreas que abarca el sicodrama, vamos con retraso en la inclusión, investigación y no violación de los derechos de la población trans*.
“El término trans* hace referencia a un paraguas que abarca una multiplicidad de formas de entender la propia identidad y de autodeterminarla».
El presente artículo por amplitud no puede abarcar los procesos específicos de esta población. Sin embargo, es importante mentarlos. Toda identidad o condición vital que quede fuera del marco normativo convive con el estigma y las consecuencias7 sicológicas, emocionales y sociales correspondientes (Platero, 2014 y Nevy et al., 2024). A pesar de que ser trans* en sí no supone una cuestión patológica, las consecuencias del estigma y la pertenencia a un colectivo minorizado y oprimido puede dar lugar a dificultades siendo necesario revisar mitos, estereotipos, necesidades en las redes de apoyo, en torno a mantener/modificar el nombre o pronombres; la exploración y necesidad o no de moduladores corporales o procesos medicalizados (hormonación o cirugías). Mayoritariamente trabajaremos con el impacto de la violencia, la transfobia y lgtbiafobia interiorizada, la toma de decisiones y la consecuencia en el entorno del mismo (salidas del armario o armarización, gestión del passing y del entorno etc.).
SICODRAMA, PSICODRAMA E IDENTIDAD SEXUADA.
Se ha encontrado un artículo que escriba sobre identidad sexuada en relación al sicodrama, Yavícoli (1988), y un libro que incorpora las realidades LGTBIAQ+ y el psicodrama, (Nevy et al., 2024)8.
Nevy et al. (2024) plantean reiteradamente cómo el psicodrama es un espacio dónde la norma es cuestionada ya que “não existe espontaneidade e criatividade dentro da norma” (p.36)9. Y como otros conceptos como la conserva cultural, el papel social, el psicodrama público y sociodrama (Moreno, 2010) expresan en cierta medida una crítica y posicionamiento político . Resaltan cómo la violencia de la monocultura10 opera en lo que reclaman como «conserva corporal».
Un lugar de unión para Moreno y Rojas fue la importancia del escenario como espacio de lo posible, exploración y fantasía. Rojas-Bermúdez (1997) resalta como el contexto grupal tiene sus propias reglas y normas, una oportunidad para dejar fuera contexto social. Instrumentaliza el círculo y las formas naturales, resaltando la organización grupal circular en la que el poder pasa de una persona a otra. Plantea la importancia de devolver el poder al grupo mediante la estructuración y sistematización de las formas tribales, el encuadre. Así, el poder se traspasa de le directore, a le protagonista y al grupo. Mantiene una firme posición sobre los límites del poder e intervención de le directore, como hacedore de situaciones que permitan su realidad y su resolución de la persona.
La teoría de Rojas-Bermúdez (1997), en torno a la anatomofisiología y la sexualidad, habla del modelo femenino y el masculino. En el cual el tamaño del conducto uretral va a generar diferentes registros (visuales, táctiles, térmicos, visuales y posturales). Plantea que existirá una diferencia en los registros en tanto al interés de las personas con vulva en la exploración viso-manual a raíz de las sensaciones, y esto sumado a lo que el contexto permita/restrinja la exploración.
“De forma clásica se ha utilizado de forma indistinta hombre/ macho/masculino y que solían hacer referencia exclusiva a la genitalidad visible”.
“En el modelo femenino, la continuidad del placer uretral con las sensaciones placenteras locales (vulva) que produce la orina, constituye una experiencia que dirige la atención, por una parte, hacia su propio cuerpo y, por otra, hacia el desencadenante de las sensaciones placenteras. De esta manera, lo agradable y placentero queda estrechamente ligado a lo que la contacta, se dirige y queda en relación con su cuerpo. Esta modalidad de disfrute, volcado sobre sí, configura socialmente la seducción.
En el modelo masculino, la prolongación del placer uretral, más allá de la zona esfinteriana, que señala los límites entre el adentro y el afuera, determina la sensación de penetración placentera en el ambiente y de disfrute con la posibilidad de señalizar o marcar con su orina el terreno que pisa. Esta modalidad, de disfrutar utilizando su pene, para ir más allá de su propio cuerpo, configura socialmente la conquista.” (p.403-404,1997)
Contextualizando la época, entendemos que el uso de masculino/femenino no hace referencia a una expresión de género actual o a unos conceptos llenos de estereotipos sexuales. Es una referencia exclusiva a la anatomofisiología. De forma clásica se ha utilizado de forma indistinta hombre/macho/ masculino y que solían hacer referencia exclusiva a la genitalidad visible.
La teoría de Rojas-Bermúdez (1997), se plantea desde un desarrollo normativo y muy establecido también con lo natural, entendido como los procesos de las tribus. En la sociedad en la que vivimos, es difícil encontrar que la criatura marque el terreno ya que normalmente se emplea pañales y también dependerá de la estrategia para enseñar a orinar, la libertad en el aprendizaje y exploración de la genitalidad por las creencias del contexto sobre la corporalidad y sexualidad infantil.
“Si la mera atribución social fuese suficiente, no hablaríamos de personas trans* ni habría una multiplicidad de identidades en diferentes épocas y lugares.
Otro aspecto no desarrollado es como el mapa corporal ha ido integrando el agrado/ desagrado en las fases previas a la uretral, cómo se integran en el modelo y el grado de presencia en su sexualidad. Este aspecto es realmente importante, ya que el cómo socialmente se le da acceso al cuerpo en la infancia marca una gran diferencia en la adultez y en la sexualidad compartida (Sanz, 1990).
Yavícoli (1988) y plantea que “los estímulos ambientales que les sean ofrecidos al niño tendrán una particular incidencia en la estructura de su Modelo de Género Masculino o Femenino, ya que, si bien la anatomofisiología determinará una tendencia de la conducta, la estructura genética está programada de manera que incluye las formas, modos y maneras en que tal complementariedad se da (sistema sociogenético)” (p,227, 1988)
Podemos tomar aquí la teoría, aunque haya una EGPI esta va a ser muy variada según el sistema nervioso de la persona y, adicionalmente, va a generar unas huellas específicas al complementarse con la EGPE. En esta etapa del desarrollo, desarrollo del rol de mingidor, Yavícoli plantea la posibilidad de explorar las identidades transexuales (término que se empleaba en la época para hacer referencia a las personas trans*, especialmente aquellas que expresaban socialmente una identidad binaria). No obstante, su planteamiento se basa en las teorías de la época de Jon Money, quién popularizó el término género desde la sexología y la academia relacionada (Yavícoli,1988). Marcó una diferencia entre sexo como aspecto biológico y género11 como el aspecto social de la identidad. Plateaba que se podía atribuir la identidad sexual en las primeras fases del desarrollo, sin embargo, sus investigaciones terminaron en casos de suicidio como el de David Reimer y , con ello, en una deslegitimación de sus teorías.
La atribución de una identidad no hace su permanencia en ella, David Reimer lo demuestra y las realidades trans* lo secundan. A pesar de la asignación identitaria en el nacimiento y las crianzas en ellas, no se convierten en nuestras identidades. Si la mera atribución social fuese suficiente, no hablaríamos de personas trans* ni habría una multiplicidad de identidades en diferentes épocas y lugares.
No entraré en el debate acerca de si lo trans* es cuestión de sexo o de género, por ello hablo de identidades sexuadas. Este debate está alejado de la neurociencia actual que desmiente una clara separación entre lo social y lo biológico (Damasio, 2010), al igual que Rojas-Bermúdez (1997). Por otra parte, el perdernos en epistemología nos separa de la violencia y realidad de las historias, de la necesidad de herramientas y conocimiento para el abordaje no-violento, en el que nuestros contenidos personales no afecten el proceso de le protagonista. Sí destacaremos un aspecto del debate y es que ambos son conceptos sociales a los que atribuimos unas connotaciones específicas, es decir, “tanto el sexo como el género son conceptos que tienen lugar dentro de nuestra cultura” (Platero, p. 28, 2014) y que cada persona configura en su propia imagen mental, su realidad.
Podemos comprender que la teoría de Rojas parte desde lo normativo, entrando en los márgenes solo con las sicosis, y desde la construcción de una teoría en los desarrollos vitales más frecuente dentro de su contexto, teniendo aún mucho que explorar sobre las periferias sociales. De base, las personas LGTBIAQ+ hemos quedado siempre desmarcados de estos espacios ya sea por el passing para no recibir violencia o bien no hemos accedido hasta hace poco a medios de poder, denuncia, investigación, difusión y derechos (Nevy y col., 2024).
Es nuestro legado la investigación, ampliación y desarrollo de aspectos específicos donde sus palabras no llegaron. Está labor es sencilla en tanto que comparte unas bases: la importancia de la integración del organismo-medio, la complementación única, y la importancia de lo colectivo/grupal.
Rojas-Bermúdez (1997) tiene una postura firme acerca de cómo tratar a las personas desde el sicodrama, y es que nuestro posicionamiento social no es relevante sino el mundo y la realidad de la persona. Manteniendo una ética profesional muy adecuada para poder trabajar con colectivo LGTBIAQP+, y especialmente, trans*. Desde la ética del sicodrama no somos nadie para desmentir ni deslegitimar las formas de vivir. La organización individual está para salvar su integración en el medio, y de ahí que su forma de trabajo sea seguir a le protagonista y que la unidad funcional no pose sus contenidos en elle.
CONCLUSIÓN
La sociedad hegemónica endocisaloheteromononormativa colonialista, capitalista y capacitista ha encajonado las formas de vivir la propia sexualidad en dos posibilidades donde, constantemente, entra en conflicto lo biológico frente a lo cultural. Estos discursos han legitimado y perpetuado la violencia hacia el colectivo LGTBIAQP+, siendo necesario darles visibilidad para poder ejercer un buen rol profesional. Desde la teoría de Rojas-Bermúdez, se pone en relieve la importancia de la realidad biológica única de cada persona, emergente de la interacción del organismo y el medio, lo cual le dota de una idiosincrasia exclusiva.
La identidad sexuada, en nuestra sociedad actual, es un factor que suele ser de vital importancia. Por ello, es importante comprender que existen más de dos realidades sexuadas y que como profesionales, debemos dar cabida a que cada persona explore, trabaje e integre su identidad sin posar nuestros propios contenidos y sin perpetuar la violencia y delitos de odio.
No es nuestro papel determinar la identidad ni los procesos identitarios de las personas trans*, nuestro papel es acompañar facilitando la creación escenas, situaciones y posibilidades a través de las técnicas y el encuadre que le permitan a la persona determinar su camino y su propia autodeterminación.
“Nascimento (2021, p.107) “O conceito de autodeterminação nos coloca como protagonistas de nossas experieèncias subjetivas, reitando a autoridade que, na sociedad vigente, ainda está tutelada por instituições médicas, jurídicas, religiosas e estatais, que nos delimitan em uma condicão subalterna, patológica, crimosa e imoral” (de Souza, p.46. 2024)12.
El acompañamiento a personas trans* y LGTBIAQP+ se basa en la misma ética profesional que marcaba Rojas-Bermúdez, aunque nos pone en dos situaciones. Primero, revisar nuestro imaginario, emociones, prejuicios, estereotipos y estigma interiorizado que dan lugar a violencia. Segundo, aproximarnos a las realidades LGTBIAQ+ con curiosidad y sensibilidad, valorando que cada persona maneja su propio submarino (organismo) con la información que llega de su organismo y la forma de entender su mundo. Cada persona hace lo que puede con los recursos que tiene.
Se remarca la escasez de documentación sobre sicodrama e identidades sexuadas no-normativas. Proponiendo como líneas futuras13 ampliar los conocimiento sobre estas realidades para facilitar el abordaje, puesto que las realidades específicas nos pueden ayudar a mejorar la calidad profesional y poder extrapolar los principios del sicodrama al abordaje con personas trans* y LGBIAQ+.
“Tanto el sexo como el género son conceptos que tienen lugar dentro de nuestra cultura”.
ANOTACIONES*
- Para facilitar el entendimiento del texto y su contexto al final del mismo se encuentro un Aquellas palabras que están incluidas en el mismo se subrayarán la primera vez que se empleen en el texto para facilitar su identificación.
- Traducción libre: “Cada persona nace, por tanto, con un aparato biológico con el cual se asimilan las experiencias vividas del mundo externo, volviéndose más o menos significativas en la formación identitaria”
- En los animales humanos no se habla de hemafroditismo, por un lado, debido a que no existe la posibilidad de reproducción con une misme y, por otro lado, por el uso social depeyorativo hacia las personas intersex empleando el término hermafroditas. Siendo esta una de las reivindicaciones del colectivo, el uso adecuado de la nomenclatura.
- No podemos transferir los mismos nombres a animales no humanos, pero para facilitar y simplificar la comunicación emplearemos estos dos términos para hablar de configuraciones relacionales no-normativas para nuestra cultura
- A algunes bebés intersex con genitalidad visible se les asigna una identidad al nacer o se les realiza una operación genital y se les trata en base a esta identidad/genitalidad generada pero que luego no se corresponde a su identidad.
- No obstante, deja fuera muchos derechos de las personas trans* no binaria, racializades, discapacitades y menores.
- No siendo igual para todas las personas, habiendo personas en las que, aún no entendiendo qué es ser hombre/mujer este factor identitario no será relevante y no generará dificultades emocionales.
- Se ha realizado búsqueda en motores tales Dialnet, PubPsych, PubMed, Psyke, Google-Académico y se ha revisado por títulos en Hojas de Psicodrama de 2010 a 2024. Si alguna persona tuviese más documentación se agradece ponerse en contacto.
- Traducción libre: “no existe espontaneidad y creatividad dentro de la norma”
- Planteamiento de la cultura única y universal en la que existe un posicionamiento único en fe, sexualidad, afectos, etc.
- Este término también se emplea desde otra parte de la academia y el activismo como forma de desligarse del poder médico, social y cultural en torno al término sexo y su inaccesibilidad para el cuestionamiento. Pudiendo cuestionar el aspecto social que se le da al “sexo” o genitalidad a través del término género. Y se ha empleado de múltiples formas y entramados.
- Traducción libre: Nascimiento (2021, p 107)” El concepto de autodeterminación nos coloca como protagonistas de nuestras experiencias subjetivas, retirando la autoridad que, en la sociedad vigente, aún está tutelada por las instituciones médicas, jurídicas, religiosas y estatales, que nos delimitan una condición subalterna, patológica, criminal e inmoral”
- En el siguiente artículo se plantearán algunas estrategias de abordaje que he incorporado en mi bagaje profesional trabajando con personas en cuestionamiento de su identidad y personas trans* binarias y no-binarias
GLOSARIO Y DECLARACIONES EN LA ESCRITURA
Endocisaloheteromonormativa palabra para expresar parte del sistema sexual hegemónico donde:
-Endo- endosex son personas que cumplen la normatividad corporal y no se consideran intersex. Es decir, todas aquellas corporalidades que fisiológicamente se le atribuye ser hombres/ mujeres al nacer. Endonormativo es aquel que plantea como normal lo endo y como enfermedad lo intersex.
-Cis- Cis hace referencia a las identidad no-trans*, es decir, personas que su identidad y la asignada al nacer coincide: hombres con pene, mujeres con vulva con esa genitalidad al nacer y algunas personas intersex. Cisnormatividad refiere a la estructura y orden social basada en el binarismo sexual, donde lo “natural y normal” es lo cis, dejando fuera del privilegio/hegemonía lo trans*, dando lugar a la desigualdad y la violencia (Platero et al. 2017).
-Alo- Alosex o alorromántico se refiere a aquellas personas que sienten atracción de forma normativa, es decir, no son asex o arrománticas. Alonormatividad hace referencia al orden social que dictamina que todas las personas sienten atracción y si no es así es una patología.
-Mono- esta partícula hace una doble referencia a la monosexualidad y la monogamia. La monosexualidad es el término que incluye todas las atracciones románticas y/o sexuales hacia una identidad en exclusiva. Las más conocidas son heterosexuales y homosexuales. Esto como norma (mononormatividad) estigmatiza y deslegitima todas las plurisexualidades (bi, pan, omni, etc). La monogamia es la estructura social normativa que estructura las relaciones de forma que etiqueta y jerarquiza dando a la pareja determinadas características y estructurando procesos sociales válidos (matrimonio, crianza, proyectos vitales, vivienda, gestión del tiempo, prácticas sexuales, etc).
Capacitismo estructura social normativa en relación a las características, habilidades, organización neuronal y del neurodesarrollo que jerarquiza y oprime a unas frente a otras. Plantea determinadas formas como válidas, normales, naturales y prestigiosas generando que todo aquello que se escape de lo frecuente quede estigmatizado, tutelado y violentado (Platero et al. 2017).
Identidades/diversidad ancestrales hace referencias a todas las identidades y diversidad sexual que había antes de la colonización y que aún tenemos información de ellas (Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 2013, 16 de marzo).
Intersex es el antónimo de endosex, son las personas que nacen con características sexuadas (cromosómica, hormonal, gonadal y/o genital) que no encajan con la definición lineal de los cuerpos. Es decir, que no siguen el normativo señalado previamente (Brújula Intersex, 2018).
Lenguaje Neutro Como respuesta ante el machismo lingüístico se emplea el neutro por omisión (sin usar el masculino genérico) y se emplea neutro por acción, con el uso de la -e (Math, 2020).
Sicodrama, Sicología, Siquismo, Siquiatria, Sicosis y otras palabras que se emplean sin la “ps”. Como respuesta ante el posicionamiento ético en relación a las “psi” y como diferenciación de la Escuela de Psicodrama de Moreno y su Escuela, Rojas-Bermudez deja de emplear la “p”. En la nueva edición del libro, se explicita “la eliminación de la p en la grafía de sicodrama y las palabras derivadas de psique (retomando la escritura original de Rojas-Bermúdez” (Rojas-Bermúdez, 2017, p, 13) . Adicionalmente, esta forma de uso está aceptada por la RAE.
Referencias/Bibliografía
- Amezúa, E. (2003). El sexo: historia de una idea. Revista española de sexología, (115-116), 1-237.
- Chang, D. W., Phillips, C. y Ball, D. (2007). Principios de Yogyakarta. https://doi. org/f66p94
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